Ella
salió apurada como nunca lo hacía antes. Dejó los documentos y la
cartera en la que acostumbraba llevar los pertrechos para las
artesanías. Siempre muy ordenada con sus cosas, llamó la atención esa
súbita “indisciplina”. Señal de que algo extraño había en el aire. De
hecho. Era el 28 de abril de 2012 y desde entonces nadie, nunca más,
supo nada de Stephany Carolina Garzón Ardila. ¿Qué habrá ocurrido con
ella? ¿Por qué salió corriendo de la casa aquel día?
Alumna
de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, de Bogotá,
Colombia, excelente artesana de collares y pulseras que vendía en
plazas, militante socialista y dirigente juvenil del Partido Socialista
de los Trabajadores (PST), Carolina estaba en Quito, Ecuador, de
vacaciones. En eso ella no se diferencia de la totalidad de los jóvenes
latinoamericanos que sueñan viajar por América Latina como si esa fuese
una forma de conquistar y cuidar de este nuestro continente siempre tan
vilipendiado y expoliado por las grandes potencias capitalistas. Y la
joven colombiana de largos cabellos oscuros y fuertes trazos indígenas
realmente había hecho una buena elección, porque Quito es de verdad un
hermoso lugar, repleto de historia. Pero fue justamente allí que
Carolina desapareció misteriosamente. Y permanece hasta hoy en esa zona
gris de duda, llevando hasta los límites de la desesperación a sus
padres, hermanos, amigos, compañeros de militancia. A pesar de toda la
inmensa campaña realizada por sus familiares junto con el PST colombiano
y el Movimiento al Socialismo ecuatoriano, partidos hermanos de la Liga
Internacional de los Trabajadores (Cuarta Internacional), a pesar de
todas las peticiones junto a los gobiernos del Ecuador y de Colombia, a
pesar de todas las apelaciones a la policía ecuatoriana para que cumpla
con su deber y busque a Carolina, aún no conseguimos romper con la
lógica sórdida de los gobiernos burgueses. Lo que se viene confirmando
en el caso de Carolina es lo que la LIT siempre insiste en afirmar: el
aparato del Estado, muy bien equipado, con policías entrenados, moderna
tecnología y armamento sofisticado, no está al servicio de los
trabajadores ni de sus hijos. A pesar de ser mantenido gracias a los
impuestos que pagan los trabajadores, el Estado está reservado a la
burguesía, a los empresarios y sus familias, a los políticos y
gobernantes. A los ricos, la seguridad; a los pobres, los secuestros,
los robos, los asesinatos. Esta es la lógica de la democracia burguesa
que una vez más se confirma y cobra sus víctimas, y en la cual los
pobres jamás pueden confiar.
![]()
Cuando
los ricos desaparecen, sea por el motivo que fuere, tienen el poder de
movilizar todos los recursos del Estado para que sus vidas sean
preservadas. Estamos cansados de ver hijos de grandes empresarios,
parientes de políticos importantes o artistas de televisión que son
secuestrados y todos los recursos más sofisticados del Estado son
colocados a su disposición para que aparezcan con vida. Los excluidos,
sobre todo las mujeres jóvenes y pobres, no tienen la capacidad de
quitar el sueño a los gobernantes, y así pasan a ser apenas un dato
estadístico más en la lista de centenas de desaparecidos por motivos
sociales y políticos, que crece cada día sin que los gobiernos muevan un
dedo por ellos.
Desde
el 1 de mayo, cuando la familia de Carolina fue avisada de su
desaparición, la campaña por encontrarla con vida quedó limitada a los
militantes socialistas del PST colombiano, del MAS ecuatoriano y de las
otras organizaciones de la LIT; de sus familiares y amigos, además de
organizaciones sindicales y de derechos humanos. La policía y las
autoridades, insistentemente requeridas, tardaron días en disponerse a
hacer alguna cosa. Eso obligó a la familia y a los amigos de Carolina a
intensificar los esfuerzos personales, movidos por la desesperación que
el pasar del tiempo sólo conseguía aumentar. Los padres de Carolina
viajaron rápidamente para Quito e iniciaron las gestiones junto con las
autoridades ecuatorianas, exigiendo que cumpliesen con su deber y
empeñasen el máximo de sus esfuerzos en la búsqueda. Corrieron a buscar
auxilio a los medios de comunicación de masas, como los diarios, la
televisión y la radio, muy importantes en momentos como estos. Pero
también allí pesó el hecho de que Carolina es una joven pobre y
desconocida, y no una actriz famosa de la TV ni hija de una familia
burguesa. Era preciso interesarlos por la noticia y para eso se recurrió
a la internet y a las redes sociales, todos gritando y haciendo
escándalo, lo que acabó finalmente por despertar el interés de algunos
diarios, como El Comercio, de Quito, y emisoras de TV de
Colombia. Pero, a pesar de la victoria que representa una nota en los
diarios, la noticia apareció recién el 8 de mayo. Carolina estaba
desaparecida hacía ya diez días, un tiempo peligrosamente largo. Esa
demora ponía en riesgo su vida. Era preciso apurar la búsqueda. Así, el
15 de mayo, después de una maratón de solicitudes, telefonemas y
peticiones, la dirección del PST colombiano y los padres de Carolina
consiguieron una entrevista con Raúl Vallejo, embajador del Ecuador en
Colombia, en teleconferencia con el Fiscal General del Ecuador, Galo
Chiriboga.
Instados
a empeñar todos los recursos disponibles para garantizar la integridad
física de Carolina, ellos se comprometieron a acelerar las
investigaciones. Sin embargo, otra punta importante de este
rompecabezas, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, se
mantiene impasible hasta ahora, como si la víctima no fuese una
ciudadana colombiana con todos los derechos legales que la legislación
de un país, que se arroga la condición de republicano y democrático,
prevé. Es fundamental que la Cancillería colombiana se movilice en el
sentido de esclarecer el caso a la Cancillería ecuatoriana, y que apele a
ella para que haga todos los esfuerzos a su alcance en pro del
aparecimiento con vida de nuestra compañera Carolina. En definitiva, una
acción de gobierno a gobierno tiene más condiciones de ser efectiva que
cualquier otra, en este tipo de situación que exige la movilización de
los aparatos de seguridad del país involucrado.
Las
apelaciones para que Rafael Correa, como presidente del Ecuador, haga
cumplir la Carta Magna de su país también son necesarias. El artículo 9
de la Constitución del Ecuador afirma que: “las personas extranjeras que
se encuentran en el territorio ecuatoriano tendrán los mismos derechos y
deberes que las ecuatorianas”. Ese artículo precisa ser inmediatamente
cumplido por el gobierno de Rafael Correa, porque de lo contrario deberá
ser considerado por el pueblo ecuatoriano como un gobierno ilegítimo,
que no cumple con las leyes de su país. Carolina es colombiana, y así
como otras centenas de extranjeros, estaba en territorio ecuatoriano y,
por lo tanto, debe tener los mismos derechos que los ecuatorianos.
Cuando una persona ecuatoriana desaparece, la Constitución obliga al
Estado a buscarla y a tratar de rescatarla con vida. ¡Lo mismo debe ser
hecho con Carolina!
El
artículo 66 del capítulo 6 de la Constitución del Ecuador, titulado
Derechos de Libertad, dice que: “se reconoce y garantiza a las personas
el derecho a la integridad personal que incluye la integridad física,
psíquica, moral y sexual; una vida libre de violencia en el ámbito
público y privado”. Y agrega que: “el Estado adoptará las medidas
necesarias para prevenir, eliminar y sancionar toda forma de violencia,
en especial aquella ejercida contra las mujeres, los niños y los
adolescentes, personas incapacitadas y contra toda persona en situación
de desventaja o vulnerabilidad; idénticas medidas serán tomadas contra
la violencia, la esclavitud y la explotación sexual. La prohibición de
la tortura, la desaparición forzosa y los tratamientos y penas crueles,
inhumanos o degradantes. Los derechos de libertad también incluyen el
reconocimiento de que todas las personas nacen libres; la prohibición de
la esclavitud, de la explotación, de la servidumbre y el tráfico de
seres humanos en todas sus formas”. Y agrega que: “el Estado adoptará
medidas de prevención y erradicación del tráfico de personas y
protección y reinserción social de las víctimas del tráfico y otras
formas de violación de la libertad”.
Bellas
palabras que precisan salir urgentemente del papel. Carolina
desapareció en una de las regiones más peligrosas del mundo, y si no es
encontrada rápidamente puede suceder lo peor. Debajo de la línea sur de
los Estados Unidos, Ciudad Juárez y prácticamente todos los países del
norte de América Latina, se tornaron ya palabras prohibidas, territorios
del narcotráfico, zonas de prostitución, tráfico de mujeres y estupros;
espacios de doble poder, donde las leyes de las pandillas de matadores
pesan tanto o más que la ley de la Carta Magna. En ese escenario de
horror, los artículos citados por la Constitución del Ecuador no pasan
de inocentes expresiones de deseo, dulces palabras labradas en oro en
libros sagrados, que nunca se tornan realidad porque algunos gobernantes
son impotentes frente a la fuerza de los traficantes, o son conniventes
con la barbarie que allí impera.
Artículo relacionado
Juntos podemos encontrar a Carolina
Carolina,
como millares de mujeres jóvenes y pobres que tuvieron el infortunio de
poner los pies en ese territorio explosivo, no fue contemplada por
ningún artículo de la Constitución: era extranjera y no tuvo su
integridad física preservada; y, después de desaparecida, el Estado está
haciendo de todo para retardar la aplicación de las medidas necesarias
de defensa de sus derechos, poniendo su vida en riesgo aún mayor cada
minuto que pasa.
Cada
minuto que se gasta en colocar un sello en un papel autorizando un
vehículo policial a ponerse en movimiento, cada minuto que se gasta en
telefonemas para esta o aquella repartición pública, cada minuto que se
gasta en salas de espera infinita es un minuto más que se pierde en la
vida de Carolina.
En
el mundo ambicionado por Carolina, en la sociedad con la cual ella
sueña y para la cual dedica sus días, horas y minutos, la vida humana
tiene valor por encima de todas las demás cosas. Militante socialista,
fue una de las organizadoras del grupo Unidos para no estar Jodidos,
jóvenes que como ella creen en la unión de aquellos que son
trabajadores, pobres, excluidos, para luchar por un mundo mejor, donde
haya respeto por todos los que sufren porque son oprimidos. Como ocurre
con los indignados que vienen cubriendo las calles de Europa con sus
marchas contra la guerra social que los gobiernos y el gran capital
declaran contra los jóvenes y contra toda la clase trabajadora, los Unidos
de Carolina luchan por un mundo mejor, un mundo donde no haya miseria,
donde las mujeres sean respetadas y valoradas, donde los jóvenes puedan
soñar libremente, puedan hacer arte y divertirse con él.
Carolina
hace artesanías, pero es artesana no sólo de collares y pulseras que
ella vende en las plazas para poder viajar y conocer otras culturas,
otras gentes, otros parajes. Artesanías con las cuales ella consiguió
viajar más de una vez a su querida ciudad de Quito, en el Ecuador. Ella
es artesana de ese mundo mejor, un mundo socialista al cual ella dedica
sus mejores momentos, la totalidad de su talento artístico y la
vivacidad de su inteligencia contemporánea. Como bien la definen los
compañeros del PST colombiano, “Carolina es una genuina representante de
la juventud inconforme y rebelde colombiana. Llena de sueños y
aspiraciones, no se limitó a dedicar su energía a objetivos individuales
de superación personal, sino que trató de vincular cada actividad a
proyectos sociales”. Ella forma parte de una generación de jóvenes que
hoy, en el mundo entero, no se contentan con poco: quieren conquistar el
mundo. Pero no un mundo donde millones de seres humanos trabajen y
sufran para que un puñado de ricos gocen de la vida.
Hasta
el momento no sabemos que ocurrió con ella, y eso es lo que más nos
angustia. No sabemos quienes fueron los responsables de su desaparición,
pero tenemos certeza de que era contra ellos que ella estaba luchando.
Era contra las agresiones, la violencia y la desesperación impuestas a
los jóvenes, sobre todo a las mujeres, que Carolina estaba luchando,
justamente en el momento en que su libertad fue cercenada.
La
campaña en su defensa proseguirá hasta obtener alguna noticia sobre su
persona y las causas de su desaparición. La vida de todos y cada uno de
sus militantes es el bien más preciado del que la Liga Internacional de
los Trabajadores se enorgullece de tener en sus filas. Las dificultades
para movilizar a los organismos públicos tanto de Colombia como del
Ecuador, la demora en la búsqueda, los obstáculos que cada día se
interponen en ese camino, no consiguen desmoralizarnos. Hacemos de ellos
estímulos aún mayores para endurecer nuestros músculos y nuestra
determinación militante en pro de Carolina, seguros de que esa
determinación causará un gran impacto que será capaz de ampliar aún más
la campaña, atrayendo nuevas organizaciones juveniles y de trabajadores,
grupos de mujeres trabajadoras, sindicatos y asociaciones de barrio, y
oprimidos de toda América Latina y del mundo entero. En definitiva, hoy
más que nunca, ¡Somos Todos Carolina!
|
0 comentarios: